

Legislación
Los madia de impuestos con que se gravan a los alimentos industrializados ilega al 37%.
Brasil es el país que más impuestos establece sobre los productos alimenticios. La media de la carga tributaria nacional, con relación a los precios de los alimentos industrializados, alcanza el 37% en la punta del comercio minorista. Significa que en el precio final de un alimento procesado, más de un tercio corresponde a la acumulación de tributos.
Sobre los alimentos inciden 13 impuestos federales, estatales y municipales, que, junto con las distintas tasas y contribuciones suman nada menos que 44 tributos.
Llama la atención porque, en un país con una desigualdad de la renta tan acusada y con gran contingente de población que se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, el impacto del tributo sobre los alimentos se siente de forma mucho más fuerte en las clases de bajo poder adquisitivo, a la vista de la importancia y la relevancia de los gastos en alimentación para las familias más pobres. Los ciudadanos de baja renta llegan a gastar, según los datos de Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) un 40% de su presupuesto mensual en la compra de alimentos.
Un análisis de las prácticas internacionales nos muestra que la mayoría de los países no grava con tasas los alimentos, o aplica tipos impositivos muy pequeños. En la mayoría de los casos de la práctica internacional, el gravamen aplicado a los alimentos se halla entre el 7 y 8% del precio final que paga el consumidor. Reino Unido, Portugal, Irlanda, Suiza, por ejemplo, no gravan los alimentos. Alemania, España, Francia, Holanda, Bélgica, Italia aplican tipos impositivos que oscilan entre el 5 y el 8%.
Otro agravante es que la tributación que incide sobre los alimentos inhibe el crecimiento del mercado de productos in natura e industrializados, sobre todo entre las familias cuya renta está en la franja de hasta tres salarios mínimos. En el caso de los alimentos in natura, como el fríjol (o alubia) y otros, la carga impositiva llega al 23% del precio final del producto.
En Brasil, la media con la que se grava el consumo llega al 22,41%; los rendimientos de trabajo se gravan un 25,21% y los rendimientos de capital, el 11,77%.
La Asociación Brasileña de las Industrias de Alimentación, defiende desde hace años la necesidad de llevar a cabo una reforma tributaria en la que se desgraven los alimentos. ABIA considera una prioridad fundamental crear un ambiente económico favorable que posibilite a las empresas brasileñas competir en igualdad de condiciones, tanto en el mercado interno como en el externo. La asociación señala que el actual sistema tributario es el principal factor del llamado “Costo Brasil”, incluso por los obstáculos que opone a la competitividad de la producción nacional.
ABIA defiende que entre el 5 y el 8%. en Brasil se oriente por el estándar internacional, que adopta un tipo impositivo único (generalmente entre el 7 y el 8%) que incide exclusivamente sobre los géneros alimenticios en el punto final de la venta al por menor. La adopción de un estándar internacional de tasación no selectiva de los alimentos potenciaría el poder de consumo de las clases de baja renta y ampliaría de forma expresiva el mercado de alimentos. Se estima que la medida haría que se generaran aproximadamente 84.000 puestos de trabajo en la industria de la alimentación, cerca de 780.000, en la agricultura y entre 15.000 y 20.000, en las industrias de envases.